Encantadoras de serpientes: decálogo para detectar a una psicópata no criminal o integrada.. Featured

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“La estupidez moral del psicópata es, a la postre, su perdición, si tú sabes hacer de tu integridad moral tu fuerza”.

Vicente Garrido. Cara a cara con el psicópata (2004).

El cine, la televisión y la literatura nos muestran de manera reiterada al psicópata como aquel sujeto despiadado capaz de las más viles perversiones y de los más crueles asesinatos siendo en un porcentaje altísimo hombres. Pero debemos enfrentarnos ya a una realidad que es más cercana y cotidiana de lo que pensamos. Psicópata no es sinónimo de asesino ya que no todos los psicópatas son criminales, no todos los psicópatas son asesinos en serie, no todos los psicópatas son delincuentes y sobre todo: no todos los psicópatas son hombres.

Muchos de estos psicópatas (hombres y mujeres) están integrados y adaptados en nuestra sociedad, están entre nosotros y pasan totalmente desapercibidos porque la gran mayoría no comenten ilícitos penales; son psicópatas no criminales o integrados, pero altamente nocivos/as para la sociedad, para su entorno laboral y para las personas con las que se relacionan, sobre todo parejas y familia.

Existen unas “criaturas[1]” con rímel y zapatos de tacón que viven entre nosotros y que lejos de cometer crímenes horrendos o asesinatos espectaculares y mediáticos pueden convertir la vida de otras personas en un verdadero infierno: son las mujeres psicópatas integradas o “socializadas” con las que convivimos a diario. Madres, amigas (por un corto espacio de tiempo), esposas, novias, directivas, empresarias, políticas o compañeras de trabajo que en la mayoría de los casos pasan desapercibidas. Estas “criaturas tóxicas” que habitan entre nosotros, están dotadas de un gran encanto superficial con un carácter seductor y persuasivo, se muestran simpáticas, afables, ingeniosas, divertidas y aparentemente empáticas, pero realmente son mujeres manipuladoras que no pueden relacionarse de modo pleno con el resto de la sociedad y que han aprendido a moverse entre nosotros sin entender los sentimientos. Si una de ellas se cruza en tu vida se sobrevive y además te hacen más fuerte una vez descubres como responder a sus pérfidas actuaciones.

Las mujeres psicópatas (no criminales) son sumamente insidiosas y tienen dos cualidades muy particulares. La primera de ellas es el ocultamiento de la verdad y la simulación para aparentar buenos propósitos e intenciones, mostrar emociones que ni sienten ni poseen y sobre todo la gran capacidad para fingir lo que no son: de modo constante y reiterado fingen ser una mejor persona, más competentes de lo que realmente son y con un estatus social y profesional mayor del que realmente tienen; es decir son “impostoras” que se hacen pasar por lo que no son. Según Garrido, la esencia de la impostura en la psicopatía es hacerse pasar por una persona mejor (Garrido, 2004). Además son excelentes actrices con una gran capacidad interpretativa capacitadas para victimizarse y conmover con su verborrea y sus elaboradas mentiras.

Su segunda cualidad, que es su faceta más egocéntrica, dañina y su razón de vivir, es la de obtener el dominio y el control de su  entorno y de las personas que la rodean, con la única finalidad de alcanzar sus objetivos (relación depredadora) y obtener beneficios personales, laborales o económicos ya que viven una constante búsqueda activa de la propia satisfacción minusvalorando a los demás (González-Trijueque y Rodríguez, 2014). Para ello utilizaran su gran habilidad para engañar así como su desinhibición para expresar amenazas. Estudian detenidamente el escenario y detectan a personas asequibles clasificándolas según su utilidad (Garrido, 2004). Poseen una inusual destreza para identificar a personas vulnerables (víctimas propiciatorias) y escogerán a aquellas de las que, de un modo u otro, puedan lograr determinados beneficios de modo que seleccionan a sus parejas, a sus “amigos” e incluso eligen cuidadosamente a determinadas personas en el ámbito laborar. Para ellas “el fin sí justifica los medios[2]”. Partiendo de estas dos premisas, veamos cómo podemos reconocer a una psicópata o a una mujer tóxica para correr en dirección contraria…

1.- Seguras de sí mismas y con encanto superficial. Las mujeres psicópatas integradas en nuestra sociedad dan la imagen de ser mujeres que saben lo que quieren, y así es: tienen muy claro sus objetivos. Se presentan como “la mujer ideal” mostrando todos sus encantos, su simpatía, su audacia y su ingenio para atraer a un hombre (o a una mujer) ya sea a través del sexo o de la maternidad, pero no llegan a establecer un contacto afectivo profundo, siendo todas sus relaciones sentimentales superficiales y en ocasiones simultaneas. Se presentan como mujeres con cualidades maravillosas (altruistas, maternales, defensoras de derechos, de la justicia…), inteligentes, comprensivas, creando de facto una personalidad muy atractiva, muy profunda que hace que las personas que las escuchan se interesen por ellas. Sin embargo todo su discurso está basado en mentiras, es tergiversado y en muchos casos directamente inventado. Engañan para conseguir sus objetivos o para justificar sus conductas. Jamás se mostrara en un primer encuentro tal y como es, siendo el tiempo el que descubrirá sus carencias y sus verdaderas intenciones. Esta es la fase de seducción y captación de futuras víctimas.

2.- Manipuladoras, mentirosas y aduladoras. Para conseguir algunos de sus objetivos, manipulan y mienten llegando a realizar promesas que jamás cumplen. Sus habilidades lingüísticas y su puesta en escena hacen que tengan facilidad y predisposición  para estafar y engañar a las personas con las que conviven, con las que trabajan y a las que se acercan ya que cualquiera es un posible objetivo del cual obtener algún tipo de beneficio. Lo cierto es que tienen determinadas cualidades para trabajos en los que se requiere un buen discurso argumental, confianza y trato con las personas. Estas cualidades son útiles en un principio pero con el paso del tiempo crean conflictos en sus puestos de trabajo, al crear confrontaciones con sus compañeros sobre todo para posicionarse mejor en la empresa o en su puesto de trabajo. Esto hace que en determinadas situaciones lleguen a ascender a un cargo importante o por el contrario que vivan una dilatada movilidad laboral en diferentes empresas y en diferentes puestos de trabajo. Cuando conocen a un posible objetivo, lo halagaran continuamente, lo pondrán por la nubes públicamente (lo que comúnmente llamamos hacer la pelota) para conseguir que se posicionen a su favor, pero con el paso del tiempo, los halagos se convertirán en menosprecio, ataques y humillaciones contra esa persona de la que quisieron aprovecharse, al no responder como ellas esperaban o al ser rechazadas. En este momento disfrutaran con deleite el desprecio hacia sus víctimas.

3.- Narcisistas, frías y con una exagerada autovalía. Continuamente muestran conductas narcisistas, de frialdad emocional y de una altísima autoestima, con la que se llega a compensar una inferioridad original, así como un elevado grado de su propia valía apareciendo en muchos casos delirios de grandeza: algunas han asegurado tener guardaespaldas porque tienen un título nobiliario, ser funcionarias de alto rango, tener trabajos y cargos que no existen, o tener un perfil social o económico alto. Se plantean metas ilimitadas de éxito, demanda y percepción de admiración irreal por parte de los demás y una sensación de omnipotencia considerándose por encima del bien y del mal.

4.- Incapaces de tener una relación sentimental sana y respetuosa y de tener relaciones de amistad. En las relaciones de pareja son incapaces de proporcionar una relación íntima basada en el respeto, el amor, el compromiso y la fidelidad, centrándose básicamente en mentiras, infidelidades, manipulación e interacción coactiva, lo que hace pensar que las relaciones íntimas con estas mujeres, generan un gran sufrimiento en sus víctimas. Llegarán a agredir psicológica o emocionalmente a sus parejas (masculinas o femeninas) con la finalidad de ejercer control y poder sobre la víctima puesto que perciben que es una de las maneras más sencillas de aprovecharse de ellas y de obtener beneficios (Velasco, 2015).[3] Habitualmente estas mujeres no tienen amigas/os, simplemente “conocidas/os a tiempo parcial” ya que no logran establecer vínculos profundos ni ofrecer una relación sincera y emotiva. Sin embargo están acostumbradas a que las personas que van entrando en su vida al poco tiempo se distancien de ella, hecho que no le preocupa porque volverá a llamar a otras puertas.

5.- Falta de empatía, de remordimientos y del sentimiento de culpa. Hoffman, establece tres componentes en la respuesta empática: 1) Habilidad para identificar el estado emocional de otra persona; 2) Capacidad para asumir el rol y la perspectiva de otro y 3) capacidad para experimentar la misma emoción que está sintiendo otra persona (Hoffman, 2000). En este caso nos referimos a la incapacidad que tienen para experimentar la emoción o el sentimiento del otro. Además, no reconocen sus errores ni aprecian el impacto (dañino) de sus actos sobre terceros. Si en algún momento dieran a entender que reconocen su error, será simplemente una maniobra con el fin de conseguir sus objetivos o exculparse. Una disculpa no la sienten, simplemente saben que son las palabras adecuadas en ese momento. Al decir “lo siento” engañan de nuevo bien para ganar tiempo o como estrategia de chantaje emocional con su víctima. Parafraseando a Hare (2003) y teniendo en cuenta que estamos hablando de psicópatas no criminales: “los criminales en la cárcel aprenden muy pronto que remordimiento es una palabra muy importante”. Ellas también saben utilizar las palabras “lo siento”.

6.- Son captadoras de emociones e imitadoras de sentimientos. Pueden mostrarse frágiles, altamente vulnerables y victimizarse de modo extremo para reforzar sus argumentos y sus premeditadas mentiras pero solo lo harán para lograr una vez más sus objetivos (interponer una denuncia falsa, una baja laboral, una compensación económica, etc.) Intencionadamente intentan dañar a terceros haciendo comentarios o llevando a cabo conductas para herirles, humillarles o acusarles presentándose como víctimas ante la sociedad. No tienen empatía en el sentido de que son incapaces de ponerse en el lugar del otro pero si tienen la extraordinaria habilidad de captar emociones y sentimientos ajenos, pudiendo aprovecharse de ellos y utilizándolos en su propio beneficio. Observan con sorpresa como los demás se emocionan ante determinadas situaciones que ellas crean (en un caso concreto contar abiertamente que padecía cáncer) utilizando esas emociones para manipular a sus víctimas. En palabras de Caballo y López (2004): “con el fin de obtener lo que desean, estimulan la compasión del otro, lo seducen y dicen lo que quiere oír o lo que les va a llegar al corazón”.

7.- No aceptan críticas y repiten su patrón de conducta. Se arriesgan hasta el límite y son capaces de esconderse y de sortear las situaciones para no ser expuestos ni juzgados públicamente. Ante la menor crítica hacia su persona o sus actos, justificaran y argumentaran estos, con una total falta de autocrítica trasladando la culpa a los demás. Sus conductas son repetitivas en el tiempo, de modo que suelen tener un patrón y hacen las cosas de la misma manera, al carecer de la flexibilidad psíquica y conductual para llevar a cabo cambios (Rodríguez, 2016). Actuaran del mismo modo con todas sus parejas, con sus compañeros/as de trabajo y con todas las nuevas personas a las que vaya conociendo.

8.- Relaciones utilitarias y vida parasitaria. Sus estrategias de manipulación las llevan a establecer relaciones utilitarias (cosificación de las personas) con las que obtener beneficios, que además consideran que les corresponden por derecho, teniendo una vida completamente parasitaria viviendo de lo ajeno y de terceros. Suelen establecer una dependencia financiera intencional, manipuladora y egoísta que se ve reflejada en su carencia de motivación, su escasa autodisciplina, y en la inhabilidad de asumir responsabilidades. Todo aquello que esté relacionado con la rutina y la responsabilidad (como un trabajo legal y estable) les resulta aburrido, por lo que prefieren vivir a costa de los demás. Sus intereses se focalizan en el ambiente inmediato y en el factor oportunidad  por lo que resulta comprensible que perciban a los demás como meros objetos que manipular para conseguir sus objetivos.

9.- Irresponsables.  Al considerarse “especiales” se presentan ante los demás como una mujer diferente, utilizándolo como elemento de seducción en un primer momento. Es esta autopercepción la que les lleva precisamente a ser irresponsables en las diferentes áreas de su vida[4] vulnerando reiteradamente reglas y normas que el resto de la sociedad cumple: absentismo laboral, vulneración de normas deontológicas, despreocupación por la ejecución de su trabajo, incumplimiento de acuerdos contractuales, de préstamos bancarios, etc.). Consideran que ellas, no deben estar sometidas a ciertas normas. Son incapaces de asumir los compromisos establecidos con los demás y de llevar a cabo sus obligaciones.

10.- Gran habilidad en el uso del lenguaje, siendo su gran arma para engañar a los que le rodean y poder sacar el mayor provecho de las personas a las que ellas se acercan. Con su lenguaje confunden, distraen la atención, se dan aires de ser importantes, se colocan así mismas en un pedestal y lo hacen de una manera sutil y muy efectiva. Es muy complicado que la persona que está siendo manipulada sea consciente de ello, porque ese es precisamente su objetivo: predisponer a su interlocutor a que crea todo lo que ella dice. Emplean la ambigüedad para poder adaptar su discurso actual al momento indicado en el caso de que alguna de las personas presentes pueda dudar de la veracidad de sus palabras. Tratan de hacerse sobreentender de manera que no dicen las cosas directamente para que de este modo les sea más fácil negarlo a posteriori. Solo con el paso del tiempo se ve la abismal diferencia entre lo que dicen que son y quienes son realmente, ya que el lenguaje es el primer elemento que utilizan para esconder cómo son realmente y cómo actúan (Alpiste, 2014). Para desenmascararlas simplemente se ha de comparar lo que dicen con lo que hacen ya que hay una gran discrepancia entre su discurso verbal y sus actos (Pozueco, 2011).

Fuente: Cara a cara con el psicópata. Vicente Garrido (2004), página 173.

Estas mujeres son realmente “tóxicas” en las distancias cortas, sobre todo en las relaciones de pareja y en el ámbito laboral. Si os encontráis con alguna de ellas intentará explotaros, controlaros y manipularos siempre en su propio beneficio. Sin embargo, si os dais la vuelta y las ignoráis también podríais tener problemas porque su tolerancia al rechazo es increíblemente baja y harán todo lo posible por desprestigiar vuestra vida y vuestro trabajo, pues son las reinas de los rumores. Están ahí. Abre los ojos…

BIBLIOGRAFÍA:

  • Alpiste Pérez, A. (2014). El psicópata subclínico: sus manifestaciones y comportamiento. Derecho y cambio social.
  • Garrido Genovés, V. (2004). Cara a cara con el psicópata. Barcelona, Editorial Ariel.
  • Hare, R. D. (2003). Sin conciencia. El inquietante mundo de los psicópatas que nos rodean. Barcelona: Paidós.
  • Pozueco Romero, J.M. (2010). Psicópatas Integrados. Perfil psicológico y personalidad. Madrid, Ed. EOS.
  • Rodríguez González, R; González-Trijueque, D. (2014). Psicopatía: análisis criminológico del comportamiento violento asociado y estrategias para el interrogatorio. Psicopatología Clínica, legal y Forense. Vol.14, pp.125-149.
  • Sanmartin, J. (2010). Prólogo al libro de J. M. Pozuelo: Psicópatas integrados. Perfil psicológico y de personalidad. Madrid: EOS.

[1] Tomo ésta palabra del libro de Javier Jesús Muñoz Chumilla, “Criaturas criminales y como encontrarlas”, ya que es perfecta para definir a estas mujeres que viven entre nosotros.

[2] Muchos atribuyen erróneamente a Nicolás Maquiavelo esta frase, al defender una manera déspota y amoral de hacer política, pero la gran mayoría de expertos e historiadores determinan que dicha frase está extraída del texto del teólogo alemán Hermmann Busenbaum “Medulla theogiae moralis” de 1645 y cuya frase textual es “Cum finis est licitus, etiam media sunt licita”: Cuando el fin es lícito, también lo son los medios.

[3] https://dialnet.unirioja.es/descarga/articulo/5440784.pdf.

[4] Esta irresponsabilidad se ve en el ámbito laboral, familiar, personal y social.

© Paz Velasco de la Fuente – criminal-mente 2017

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